sábado, mayo 24, 2003

Detenido el "Ratoncito Perez" de Siberia

Para muchas madres, la pesadilla no ha terminado. El "Ratoncito Perez" de Siberia ha confesado. Pero sus palabras no han hecho sino sembrar más confusión a una historia de por sí enrevesada. La policía rusa cree que puede haber tumbas de arqueólogos profanadas por todo el mundo.

Como, entre otras agencias, Reuters Internacional, al igual que Sky News, la BBC y la Fox(cada una con sus satélites) ha decicido no decir ni pío sobre el asunto, a lo mejor os tenemos que poner en antecedentes, lectores del Yogourth...

Excavaciones misteriosas

En 1989 se encontraron cerca de Tareia, en Siberia, unos esqueletos homínidos que parecían haber sido asesinados de modo ritual; todos tenían la caja torácica perforada y casi todos tenían el craneo separado del resto. Este tipo de cosas no son raras en la paleontología, pues incluso en Atapuerca se han encontrado evidencias de prácticas caníbales, pero lo que siguió a su aparición ha sido comparado, no sin razón, con el misterio de la tumba de Tutankamon.
Los restos fueron vistos por primera vez en una excavación por Fiodor Minsk, un niño de diez años de la localidad que a las pocas semanas empezó a padecer una fotofobia severa que venía a sumarse a la hidrofobia (rabia, no miedo al agua) que ya tenía desde hacía unos meses. Al mes, cuando se desenterró el primer esqueleto completo (completo, que no entero), empezó a sangrar por la nariz y las cuencas de los ojos y a las doce horas falleció sin que los médicos pudieran hacer nada. Del mismo modo, Alllan Bloomspot, jefe de la excavación, murió de un ataque al corazón mientras dormía. Las excavaciones, tras estos incidentes, fueron fructíferas: se desenterraron cuarenta esqueletos, menos cinco, todos completos. A estos cinco les faltaba el cráneo. Los esqueletos se examinaron en la Universidad de Moscú y salvo uno en Harvard (en honor e Bloomspot, que era profesor en esta universidad) siguen allí. El caso fue archivado y prácticamente olvidado, pero en 1999 se volvieron a sacar para una clase magistral y descubrieron que faltaban piezas de la dentadura. En las fotos de los archivos sí constaban dentaduras completas, por eso se llamó a los catorce miembros de la excavación, pero no fue posible localizar más que a dos: Igor P. y Andrea T.. Andrea vivía en Astria e Igor en Rusia, pero ninguno en su casa; los dos habían sido recluídos en centros psiquiátricos por alucinaciones y paranoia aguda. Todos los demás miembros del equipo habían sido asesinados, así que la Interpol decidió tomar cartas en el asunto, y aquí viene el gran dato: a cinco de ellos les habían arrancado los dientes tras su muerte. En un principio esto se hacer para dificultar la identificación del cadaver, pero los asesinos (que hoy sabemos que es uno solo) no había reparado en huellas dactilares, carnets de identidad, tamaño de los huesos, etc. Sólo faltaban los dientes. Por eso llegó el apodo de "Ratoncito Pérez".

Un hallazgo inesperado

En 1994 los padres del malogrado Fiodor decidieron cambiar su cuarto. Al mover el armario ropero encontraron un cuaderno escolar donde su hijo, a modo de diario, apuntaba sus pensamientos desde 1988. Así fue como descubrieron el origen de su fotofobia. Al parecer, Ivan Isnovich, un hombre de la zona, aterrorizaba a Fiodor hasta el punto de que no quería acercarse a la luz no fuera que le viese. Creía, no obstante, que por la noche podía aparecer en su habitación para matarle. Hablando con otros padres descubrieron que Isnovich era temido por todos los niños de los alrededores, y a los adultos tampoco les inspiraba ninguna confianza.
Referente a las excavaciones y al primer hueso que encontró (un colmillo) también había algunas observaciones. Al parecer las pesadillas empezaron desde que robó el diente (dijo que le había parecido ver huesos humanos pero no que tuviera uno). nadie más supo nada de esto hasta que el matrimonio Minsk no vio en las noticias lo de las misteriosas muertes de arqueólogos.

El Ratoncito Pérez era el hombre del saco

Después de que los padres de Fiodor fueran a la policía todo empezó a tener sentido. Un mismo hombre estaba detrás de todos los crímenes [¿cómo lo supieron?Ni idea, aquí nadie es detective]. El Ratoncito Pérez no era otro que Isonovich, que había desaparecido hacía ya tiempo. Según se dice no tenía amigos y siempre había frecuentado la zona de las escavaciones. Le encontraron en Moscú viviendo en un piso inmundo pero con una gran cantidad de dinero escondido en bolsas de basuras. Todavía hoy no se sabe de dónde sacaba el dinero, pero sí que lo empleó para buscar a los arqueólogos, uno por uno, para matarles.
Da la casualidad de que las tumbas de los siete arqueólogos restantes fueron profanadas, así que la Interpol cree que el objetivo era robarles los dientes.
También fue él quien robó los restos de los fósiles, aunque todavía es un misterio cómo se hizo con ellos.

Efectivamente, Isonovich era el hombre del saco, pero, ¿qué le impulsó a recorrer medio mundo en busca de dientes?

El guardián de los Arcanos

Al parecer, Isonovich estaba relacionado con cultos vampíricos y desde niño había sentido cómo una fuerza irracional le llamaba a ir junto a la fosa común, cuando no se sabía que existía siquiera.
Las autoridades no creen lo que revela la confesión de Isonovich pero para los eruditos de la Universidad de Moscú elimina toda duda acerca de los restos de Siberia. Dice que desde niño los Arcanos le llamaban para ir junto a sus cuerpos, y que cuando el pequeño Fiodor robó un diente se maldijo a sí mismo. Dice que todos los cuerpos hallados eran de vampiros y que cuando vieron sus restos profanados le llamaron para llevar a cabo su venganza. Por supuesto la policía no da crédito a sus palabras, pero los hechos están ahí. Isonovich tiene en su poder los colmillos de trece arqueólogos, los de Fiodor Minsk, y los de treintaycinco de los cuarenta esqueletos aparecidos.
Lo extraño es que según la casera del asesino, éste no pasó jamás una noche fuera de su vivienda, y no pasó ni una noche desde su salida de Tareia hasta su llegada al piso de Moscú. Además, ahora que los colmillos han vuelto a sus calaveras y han sido examinados por fín, se ha descubierto que están rellenos de plata, y no hay indicios de que hayan sido alterado en los cientos de miles de años que han pasado desde que sus propietarios fueron asesinados.

Para terminar, sólo unas palabras del propio Ratoncito Pérez de Siberia: "Yo no he hecho más que cumplir con mi deber. En la Tierra hay fuerzas que no podemos comprender y el alterar un detalle de nuestro mundo puede suponer despertar formas de existencia que nos destruirán rápidamente. Pero el mal ya está hecho (...) He viajado desde las estepas de Siberia hasta la Plaza Roja, hasta Inglaterra y he atravesado los Alpes y el Océano Atlántico volando en la noche, llevado en brazos por espíritus de los Arcanos que no pueden soportar vivir lejos de donde encontraron la muerte. He llevado enfermedades a inocentes, y ninguna carcel del mundo podrá pararme porque yo estoy, desde niño, bajo la influencia de otros seres que nadie ha visto jamás. Seguiré cumpliendo sus dictados mientras Ellos no vean que la afrenta ha sido pagada. Lo que temo no es la cárcel o el psiquiátrico (sé que nadie me creerá), lo que temo es que ni siquiera la muerte podrá detenerme o detenerles. La muerte es una frontera que ellos rebasaron antes de que nosotros conociéramos el fuego. Teman por sus hijos, por sus hermanos y sus padres, pero sobre todo teman por ustedes mismos, porque yo sé que cuando abandonen este plano conocerán la verdad y no podrán soportarla".






Este post, por cierto, va dedicado a Ernie Hoyle que estos dias no se encuentra demasiado bien. Pero se sentirá bien otra vez pronto , como debe de ser. Es capital.