domingo, junio 22, 2003

Lo inesperado y sus consecuencias

Un reciente estudio de la Universidad de Oslo ha descubierto el algoritmo de lo inesperado, que un grupo de matemáticos del centro lleva quince años buscando. Este algoritmo servierá, entre otras cosas, para explicar comportamientos extraños ante hechos inesperados o inexplicables.
Scotland Yard ya se han puesto en contacto con ellos para resolver el caso de Chelsea, de 1964. En ese año, el 25 de julio ocurrió algo completamente extraño. A las cinco de la tarde, bajo un calor inusual, todas las amas de casa del lugar se dispusieron a hacer la cena. Aproximadamente el 30% se decidió por unos raviolis. Y el 30% de ellas, a su vez, notaron algo extraño en sus cocinas. El agua no hervía. Esperaron y esperaron, pero el agua no hervía, seguía fría. No parecía haber nada raro ni en los fogones ni en los cacharros ni en el líquido elemento, pero sencillamente no alcanzaba el punto de ebullición. Aquellas que estaban junto a sus hijos o a sus maridos se quedaron horas observando el fenómeno, pero las que estaban solas - según se descubrió más tarde gracias a una única supervivente - se sintieron embargadas por una profunda melancolía. Todas debieron de sentir que el mundo era maravilloso y que nunca se habían dado cuenta. Lynda Malone (la superviviente) contó esto a The Sun "No podía dejar de mirar el agua, que no se calentaba siquiera. Llamé a mi vecina Rose (en paz descanse) para ver si le sucedía lo mismo, y me cogió el teléfono en estado de shock, llorando y diciendo cosas incomprensibles sobre Dios. Yo no he creído nunca que Dios, si existe, necesite de este tipo de exhibiciones para dar a entender que debemos de adorarle. Rose me colgó el teléfono y sólo por los periódicos supe que se arrojó a las vías del tren tras dejarle a su marido una nota diciendo que no podía seguir viviendo en un mundo que no tenía explicación. Pero en aquel momento no sabía nada y no podía dejar de mirar el cazo con el agua dentro. Y sentí y pensé cosas que nunca antes habían pasado por mí. Las flores, que hasta entonces eran un hobbie para mí, me parecieron de repente auténticas supernovas de vida en estado puro, y sentí deseos de viajar y de conocer gente, lugares, cielos nuevos. Si aquello podía suceder, si el agua podía no hervir con el fuego, entonces no había normas en el universo; me di cuenta de que soy libre, y me eché a llorar de la emoción. Llamé a John, mi marido, para decirle que me iba a conocer la India (nunca había salido de Londres) y no me creyó, me dijo que tenía un ataque de histeria y que tenía que llamar a un médico, así que colgué, hice la maleta, cogí dinero y me fui a la estación. Por suerte para John dejé el agua en el fuego, y cuando volvió pudo ver aquello y comprendió todo lo que le había dicho. Además dejó su trabajo en una funeraria y abrió una pastelería. Nos separamos legalmente en 1980 , y desde entonces hasta hoy no hemos desperdiciado ni un segundo de nuestras vidas..."

No todas las vecinas tuvieron la suerte de la señora Malone. Las cincuenta mujeres restantes que vieron el fenómeno a solas se suicidaron o murieron en accidentes por negligencia esa misma tarde, antes de que llegaran sus familias a casa. Una se rajó el cuello sin más, otra se quemó viva al tratar de ver si el fuego era real, una tercera murió en una explósión de gas buscando la supuesta avería. Todas murieron. La gente que lo contempló en compañía, sin embargo, no sintió deseos de morir sino de vivir. Le atribuyeron origen divino, filosófico, e incluso ufológico, pero todos cambiaron sus vidas radicalmente. Algunos incluso se volvieron ermitaños y formaron una pequeña comunidad en las Highlands. La Iglesia no quiso atribuir el suceso a una intervención directa de la Virgen porque nadie dijo que se le hubiese aparecido, y aparte de lo que de inexplicable tiene que el agua no hierva, no sucedió nada más.

Y hasta hoy no se le había encontrado absolutamente ninguna explicación, racional o no, a este hecho. Los vecinos, al ser interrogados hoy sobre la repercusión que creen que puede tener sobre el caso el algoritmo de lo inesperado (los pocos que continúan viviendo en Chelsea) se encogen de hombros y sonríen. Casi todos parecen vivir desde entonces en un nivel de consciencia diferente, como si les preguntasen por un juego secreto al que nadie más jugará nunca en este mundo o en ningún otro, ni en esta galaxia ni en la más alejada, ni antes, ni ahora, ni nunca después.