martes, julio 29, 2003

El pez de las revelaciones

"Se exhuma esta semana el cadáver de Dominique Mitraillette" (EFE) “Los restos de Mitraillette, personaje convulso que protagonizó una bizarra historia a principios de siglo en un pequeño pueblo de la Costa Azul...”.

Por increíble que parezca, EFE se ha hecho eco de una noticia como esta, que a nosotros nos sorprendió mucho en su día y que aún hoy nos hace pensar bastante. Y es que Dominique Mitraillette puede que haya sido uno de los desgraciados con más suerte del siglo XX. Su historia comenzó en La Ciotat el día en que se enamoró de Marié Dupont, la joven más rica de la zona. Como él no era más que el hijo de un carpintero (sí, como Cristo) la relación no fue del todo del agrado de los padres de ella. Y esto no hubiera pasado de ser la clásica historia de amor contra las convicciones pequeño burguesas del cacique local de no ser porque se casaron en secreto en Reims, pero no en la catedral, sino en una pequeña iglesia de la zona. Y hasta aquí, no obstante, sigue siendo una historia de amor clandestino (un poco pasada de moda)... Pero las cosas no fueron tan bien como la joven pareja imaginaba. Él tenía diecisiete años y era un auténtico zopenco, y ella dieciséis, y era una chica muy intuitiva, extraordinaria por lo que se contaba, que tenía una especial habilidad para ver más allá de los valores comúnmente apreciados. Y en Dominique, al parecer, vio una semilla de mundo interior mucho más prometedora que el mundo interior “de facto” de muchos hombres hechos y derechos que la pretendían.
Y una vez casados por la Iglesia, de Reims partieron hacia su pueblo otra vez, para La Ciotat, donde le darían explicaciones al padre de Marie. Ella, por si acaso, había dejado una nota a buen recaudo, en su diario bajo la tercera baldosa de debajo de su cama, empezando desde el cabecero. Sólo su madre sabía que el diario de Marie se encontraba en aquel lugar, pero quiso la suerte que esta mujer falleciese la noche que los jóvenes partieron, con lo que nunca se llegó a enterar de que su hija faltaba de casa. Y la familia Dupont se desmoronó ese mismo día. Con esto, el señor Dupont reforzó sus esfuerzos para buscar a su hija, y por supuesto nunca encontró su diario. Y una vez más, la mala suerte se ocupó de los jóvenes enamorados: mientras dormían en la cuneta de una carretera comarcal, un loco borracho que vagaba por los alrededores de Cusset, les asaltara por la noche. Descuartizó a Marie, pero no le hizo nada a Dominique. El motivo era, además de la borrachera unida a una tremenda idiocia, que quería la alianza de la joven, y de tal manera le cortó el dedo anular de la mano izquiera. El resto del cuerpo lo dejó junto a un inconsciente Dominique Mitraillette. Y de madrugada, los primeros en ver el cadáver fueron los policías que empezaban el servicio. Avisaron inmediatamente a la central y allí les informaron de que el cadáver probablemente perteneciera a la desaparecida Dupont ( y en efecto). Mitraillette fue condenado a cincuenta años de cárcel, y nunca se pudo demostrar su inocencia. En cuanto a Marie Dupont, su padre mandó incinerar el cadáver, y arrojaron las cenizas al mar. Y aquí comienza lo extraordinario.

Según se cree, estas cenizas pudieron ser tragadas accidentalmente por algunos peces y carabineros mucho tiempo después. Transcurridos veinticinco años sucedió lo siguente:

1. El señor Dupont, celebrando sus segundas nupcias, comió carabineros en el banquete. Esa noche, después de cumplir con el débito conyugal, se quedó dormido y soñó que su primera mujer bailaba un tango en la habitación de Marie. Se paraba justo encima de una baldosa de debajo de la cama de la hija y la señalaba gritando “¡ole, ole!”. Por la mañana, movió la baldosa y encontró el diario de Marie con una carta en la que explicaba que se había fugado con Mitraillette y que le amaba profundamente. Como era una chica tan intuitiva, explicó perfectamente en la epístola cómo era Dominique, y logró convencer a su padre veinticinco años después.

2. Un policía de Cusset celebraba ese mismo día su jubilación. Convidó a sus amigos a pez espada a la plancha. Por la noche, soñó que el tonto del pueblo le enseñaba un dedo podrido con una alianza que guardaba celosamente en el gallinero de su casa. Por la mañana, fue intrigado hasta allí y descubrió que en efecto había un dedo anular seccionado veinticinco años atrás.

3. En una carcel cercana a La Ciotat daban de comer, como algo excepcional, soufflé de pescado. Dominique Mitraillette le dio unos bocados y se sintió indispuesto. Soñó con un amor de juventud que le decía desde el Más Allá que pronto sería libre.

Y así fue. Entre los tres reabrieron el caso y se declaró a Mitraillette inocente. El señor Dupont le esperaba a las puertas de la cárcel con la alianza que probó la inocencia de su ocasional yerno, dispuesto a aceptar a Dominique como a un hijo. Ese día llovía muchísimo, y los celadores, que apreciaban extraordinariamente a Mitraillette, le prestaron un paraguas para que cruzara la calle. Pero antes de que pudiera intercambiar las primeras palabras con Dupont en veinticinco años, un rayo le fulminó. Dupont, impresionado, no volvió a comer marisco nunca más en su vida, pero le regaló a la familia de Mitraillette (que lo estaba pasando muy mal) la mitad de sus acciones en bolsa. Desgraciadamente, con el crack del 29, pronto volvieron al sitio de donde salieron.

Y esta es la trágica historia de Mitraillette. No sabemos para qué van a exhumar su cadáver, pero a nosotros nos queda la duda de qué hubiera pasado si las cenizas de Marie no hubieran ido a parar al estómago de aquellas tres personas. Las casualidades, a veces, hacen ese tipo de cosas.

Buenas noches a todo el mundo.

Y saludos a toda la gente que estamos conociendo aquí en el Yogourth Rancio.