viernes, noviembre 28, 2003

De ida

Han vuelto a cambiar el interface. O lo que sea.

Si como nosotros queréis ir hoy a un lugar maravilloso, os entrará probablemente una gran desazón que irá creciendo a medida que pasan las horas. Y llegará un momento en el que creeréis que os habéis perdido algo.

viernes, noviembre 21, 2003

EL FLUJO DE LAS VISIONES

Hace unas semanas os prometimos que os hablaríamos del flujo de las visiones, por ser la explicación más lógica a los tristes sucesos de Kamuela, Hawaii.
Todo el mundo ha oído alguna vez que los humanos tenemos un sexto sentido que nos permite percibir las situaciones de peligro. En ocasiones se manifiesta como un pitido en el oído, o como un malestar extraño y poco definido. Las cejas se levantan sin que seamos conscientes o sencillamente el cuerpo reacciona ante la situación sin que procesemos un solo movimiento a través de la cabeza.
Pero la percepción extrasensorial puede llegar mucho más allá. En el siglo XVIII un médico francés, encargado de un psiquiátrico cerca de Lyon se dio cuenta de que algunos de los internos no parecían trastornados sino simplemente asustados. Tenían en común el estar recluidos por un ataque sangriento a alguien a quien “sólo pretendían defender”. Todos tenían alucinaciones monstruosas que escapaban a la razón, pero no habían vuelto a tener este tipo de trastornos. El Doctor Seigner además era seguidor de algunas doctrinas del centro de Asia, y era conocedor de la teoría de los vientos celestes, en la que se basa en buena medida la del flujo de las visiones.

Los vientos celestes

Enunciada hace más de 5000 años, la teoría de los vientos celestes sostenía que las divinidades no eran unos seres inmateriales ajenos al mundo físico o que al menos no eran completamente inmateriales. Las divinidades serían entes necesitados de un cuerpo físico que vagan por el éter en busca de un alma a la que socorrer. Necesitadas de un vehículo, viajarían en el viento dormidas, hasta que cayesen dentro de un ser vivo . Dicho ser podría ser animal, vegetal, mineral, o por supuesto un ser humano. Si por ejemplo una divinidad habitase un árbol, éste reverdecería instantáneamente y proporcionaría cobijo a un gran número de criaturas, y multiplicaría por diez sus frutos. Si se instalase en un pez, éste renovaría las aguas con sus movimientos y las convertiría en un río caudaloso y óptimo para la vida ( en un tono bastante legendario hay quien atribuye a un pez poseído por una divinidad la conversión de un riachulelo insignificante en el mismísimo río Indo). Si por el contrario una divinidad fuese a parar a una montaña, convertiría la piedra vulgar en sólido granito, alimentaría la tierra con su energía y allí crecería un magnífico bosque.
Pero si los vientos celestes hiciesen caer a algún dios dentro de un humano, éste, por su disposición en la naturaleza, se vería obligado a ayudar a sus semejantes una y otra vez, sin importar los problemas que pudiera ocasionarle, hasta su muerte. En la cultura judeocristiana esto puede ser visto como un don extraordinario, pero los vientos celestes sugieren que se trata más bien de una maldición fatal, pues los dioses saben mucho más de los hombres que ellos mismos, y en ocasiones lo que necesitan en realidad es muy distinto de lo que ellos creen que necesitan. Por eso los poseídos se convierten en una suerte de Melmoth el Errabundo.

La reinterpretación del doctor Seigner

Seigner no compartía esta visión casi gnostica del destino del ser humano que se desprende de los vientos celestes. Para él además no hay tales divinidades ( está claro que nació en el Siglo de las Luces), sino simplemente una especie de consciencia universal que se manifiesta y nace de (única y exclusivamente) los seres humanos. Así, sólo puede instalarse dentro de ellos, y siempre cuando surgen instintos de protección que empujan a un hombre a ir más allá de las limitaciones.
En algunos tratados de la época se cuentan historias como la de que una madre anciana saca de debajo de un carro a su hija pequeña (que alguien nos explique por cierto esta contradicción con las edades) sacando fuerzas del miedo. Del mismo modo, cuando alguien percibe un peligro potencial para sus semejantes, la conciencia benefactora se instala en él ( o ella :p ) y a través de alucinaciones visuales consigue ver claramente el peligro e intenta ponerle freno. Por el vago desarrollo que tiene aún la humanidad esto es sólo una vaga muestra de lo que el futuro nos depara, pero mientras tanto se conviete en una dolorosa experiencia para el depositario del flujo de las visiones.
Entonces, muchos de los perturbados de su psiquiátricos eran más bien héroes que deberían de ser tratados como tales.

Estas teorías fueron abandonadas hasta mediados del año 1868. En ésta época, el Doctor Sauco, en Cuba, recuperó y revisó las tesis de Seigner dándoles un gran sentido. Al mantener correspondencia con muchos doctores europeos, desarrolló mucho mejor todo esto que si hubiera estado sólo en sus pesquisas. Postuló que el flujo de las visiones en efecto es real (aunque no descarta que pueda manifestarse, sin que lo sepamos, en criaturas no humanas, pero siempre dotadas de órganos motrices por la corriente de energía que esto provoca) pero que no siempre la gente sabe que está siendo objeto de terribles visones. Adelantándose en unos cuantos años a Freud y su teoría del Psicoanálisis (cosa que por cierto nunca le ha sido reconocida) dijo que los primeros dos años de vida son la base de todas las percepciones de un individuo y que cuando entra en contacto con el flujo de las visiones, éstas se manifiestan según su imaginería personal, de tal modo que las personas de imaginación exaltada tendrían mucha más facilidad para reaccionar frente a las alertas que aquellos cuyos temores se manifiestan en la visión de su madre o de un cruel hermano que se sintiera desplazado, sencillamente porque serían capaces de reconocerlas al instante.
De este modo, muchas catástrofes podrían haber sido evitadas si un número indeterminado de gente hubiera visto en sus alucinaciones un peligro real y no simoplemente una grave disfunción que era mejor ocultar.

Desgraciadamente para él, el 10 de octubre se pronunció el Grito de Yara y Sauco se llevó la peor parte, siendo muerto en una pequeña reyerta al intentar impedir que algunos exaltados prendiesen fuego a su casa. En este incidente su obra quedó reducida a cenizas y sólo por su correspondencia se tiene noticia de todo esto. Quizás en esas páginas cuidadosamente manuscritas venga alguna aclaración sobre si la visiones implican no percibir la luz del día, como le pasó a la pobre Charity Bergson.

En definitiva, y a pesar de los giros que puede dar el destino, si alguna vez veis algo raro, tened en cuenta que podéis ser víctimas del flujo de las visiones...

miércoles, noviembre 19, 2003

Estuvimos el domingo reunidos los cinco en casa de Jimina para ver aquello del flujo de las visiones, y en el imprescindible manual “Weird Theories of yerterday: a complete guide to comprehend the new comming Universe” de Laszlo Chi ( un chino residente en Padua aficionado a la historia oculta de la ciencia) y encontramos esto, que nos tuvo pensando toda la noche sobre nuestros destinos...


¡ORO!
Cuando se habla de la fiebre del oro pocas son las veces que se menciona a Seamus Darlbey y Remus Tarlton, los primeros abducidos de la era contemporánea. Corría el año 1844 cuando decidieron abandonar su salvaje Oregón natal para dirigirse a la nueva tierra prometida: California. Como tantos otros fueron en busca de oro, y como tantos otros lo hallaron, pero no en el fondo del río.
Se instalaron cerca del Lago del Águila, sin otros hombres ni mucho menos mujeres. Al principio estaban animados pero pronto las penalidades ( fue un invierno inusualmente duro) minaron su entusiasmo y también su amistad. No había oro ni nada que se le pareciera, y por eso en las comunidades cercanas les llamaban “los enfadicas”. Ésta suerte siguió hasta el mes de marzo. Dice así la autobiografía de Seamus Darlbey “Ya pensábamos que no encontraríamos oro nunca y que nos teníamos que haber quedado de mozos en Oregón. En teoría, según supimos luego, toda la zona estaba infestada de oro, golpeabas una mofeta y escupía pepitas, pero nosotros no tuvimos esa suerte. Una mañana que empezaba a subir la temperatura me quedé dormido a orillas del lago del Águila. Las montañas se reflejaban en el agua y soplaba un viento muy agradable. Había estado buscando como un loco en aquella orilla y ya sólo me apetecía pastel de carne. Me quedé dormido y soñé que el suelo estaba hecho de eso ,de pastel de carne, y según lo comía un reflejo en la salsa me cegaba: eran unas pepitas enormes, como cabezas humanas. Me desperté dispuesto a ir a por algo de comer y de repente, allí estaban, ¡no sé cómo no las vi antes! Los rayos del sol debieron de hacerlas brillar y molestarme en la siesta, si no fuera así puede que nunca las hubiera visto. No es que qusiera hacer partícipe de mi oro a Remus, pero yo sólo no podía sacarlas del agua, era increíble lo que pesaban. Entre los dos las sacamos, y como había siete, repartimos a tres y media cada uno. Eso al principio...” La verdad es que esta autobiografía peca ¡, dicen los expertos, de suave, porque se cuenta en la zona que tuvieron serias disputas por el reparto del oro y que incluso hubo un tiroteo. En cualquier caso, parece cierto que las sacaron del agua y que por miedo a ser atracados, las guardaron en su choza sin decirle nada a nadie, como unos Gilitos de pro, y que incluso Hawtorne se basó en esto para escribir su fabuloso cuento “El gran rubí”. Pero eso son elucubraciones. En cualquier caso pasaron tres meses hasta que se decidieron a hacer algo con el oro. Desde que lo encontraron en marzo hasta que los sacaron de nuevo a la tierra en julio pasaron días enteros contemplando las colosales pepitas mientras hacían planes. Era domingo cuando por fin decidieron ponerlas en la puerta de la choza para cortarlas y prepararlas para la venta. En ese tiempo California se había llenado de moscas en busca de la rica miel, y ya no estaban solos.

Una honda decepción y un viaje extraordinario
A la luz del día, de nuevo, se dieron cuenta de que aquello no sólo no parecía oro, sino que no se trataba de oro. A punto estuvieron de matarse el uno al otro, cuando comprobaron aquello. Además recordaban que en la carga pesaban mucho, mucho más, y ahora podían levantar dos cada uno. No fue hasta el atardecer que se dieron cuenta, tras una cruenta pelea, de que las piedras, fueran lo que fuesen tenían unas extrañas inscripciones.
No eran demasiado claras, parecían llevar allí mucho tiempo, pero estaba claro que alguien las había puesto allí para algo. Aquellos símbolos churriguerescos podrían valer algo después de todo. Pensaron incluso en cambiar las inscripciones para imitar jeroglíficos egipcios y hacerse de oro (para eso estaban allí) con el cuento de que los faraones nacieron en California. Los dispusieron en círculo intentando hallar algo parecido a una pauta en los símbolos. Por allí pasaba otro buscador y vio, de repente, cómo desaparecían en un haz de luz.
Al viejo Finnegan (como era conocido en la zona) no le creyó nadie por su costumbre de beber a todas horas, pero el caso es que nada más se supo de los dos enfadicas ni de las piedras...hasta la semana siguiente.

La medida del tiempo no es igual para todos

Estaba Finnegan bebiendo cuando en la orilla del lago dos ancianos preguntaron por él. Se extrañó, porque ya no le quedaban , creía, parientes en Irlanda. Los dos hombres, de unos noventa años, se identificaron como Darlbey y Tarlton. Nadie les creyó en un principio, pero cuando fueron a la cabaña de los dos y vieron la enorme cantidad de oro que tenían, la situación fue distinta. Quizás fue porque le dieron bastante oro a cada uno de los buscadores, pero nadie volvió a poner en duda su identidad. En los antebrazos llevaban grabado algo que Finnegan creyó identificar como las inscripciones de las rocas que tenían frente a la cabaña, grabados a fuego con una increíble precisión y limpieza, que era imposible que fuera obra de un ganadero.
Con el dinero se compraron dos enormes mansiones (hoy derruídas para mayor gloria de los centros comerciales y las cadenas de comida rápida) y Seamus escribió la increíble autobiografía que ya hemos visto, pero que en su día causó una impresión bien distinta, pues se tomó como una muestra de fantasía nada despreciable (hay quien señala que es la primera obra de ciencia ficción de Estados Unidos) . Su titulo original es "The life and strange surprising adventures of Seamus Darlbey, who spent seventy years lost in an amazing place that wasn´t formed by materials like for instance wood but by light and pure energy, with his lad Remus. An autobiography" . En clara referencia a la inmortal obra de Dafoe, este título no sólo no tenía ningún gancho sino que provocó las iras de Tarlton, quien aseguraba merecer más protagonismo en todos los pasajes relativos al extraño viaje y al encuentro de las piedras.
Con todo, vivieron relativamente felices en los siguientes siete años, cuando un domingo al atardecer desaparecieron de nuevo. Los seres vivos del resto de su finca estaban muertos y aparentemente momificados, incluyendo las cuatrocientas cabezas de ganado que poseían entre los dos. Nadie, por tanto, pudo contar el testimonio de primera mano, pero se decía que el demonio les había seducido con grandes fortunas pidiéndoles a cambio su juventud y al final, todas sus posesiones.

La explicación de Seamus...
Por supuesto eso no eran más que supersticiones de gente poco instruida. Tarlton ya contaba en su autobiografía todo lo que pasó, que explica además este último y aterrador mutis por el foro.
Al parecer, al disponer las piedras de tal manera, vieron como un haz de luz llegaba hasta ellos y les llenaba. De repente se vieron volando por el cielo dentro del círculo de las piedras, y veían cada vez más lejos su cabaña, hasta que despareció en la inmensidad de las estrellas. Estuvieron flotando envueltos en luz durante un lapso de tiempo que pudieron ser años o ser sólo minutos, pero al fin “cayeron” en una especie de tormenta eléctrica donde no se podían ver el uno al otro. Las piedras desaparecieron. No era una tormenta como las que se ven en los aviones, a juzgar por la descripción, sino algo bien distinto. A pesar de que dedica diez capítulos a hablar del viaje, Tarlton se explica mejor en un pequeño párrafo del quinto capítulo “ No sabíamos dónde estábamos. Era como estar en las nubes del verano, al atardecer. Unos rayos luminosos atravesaban aquella neblina continuamente y no podíamos ver nuestros cuerpos, aunque sí podíamos hablar de alguna manera. Era como si nos pudiéramos leer el pensamiento el uno al otro; al principio era incómodo porque Remus me insultaba continuamente, pero acabé por ignorar sus tonterías. No había rastro de las piedras y desde luego aquello no era California. En algún momento nos dimos cuenta de que aquellos rayos eran gente. No gente como nosotros, sino otro tipo de gente. Eran como espíritus, pero no tenían cara ni parecían querer nada malo; a veces pasaban a través de nosotros y se quedaban allí dentro. La sensación era buena, pero notábamos como si nos sacasen algo de la memoria. Recuerdos de lugares y gente, direcciones, cosas. Nosotros no hemos viajado mucho, pero creo que estuvieron en cada esquina y en cada taberna que he visitado en mi vida. Fue algo muy extraño. No nos aburríamos nunca, ni sentíamos necesidad de nada. La verdad era como dormir una larga siesta en una tarde de verano. Que Dios me perdone, pero creo que era el paraíso. Hasta que un día caímos, no sé cómo ,al mismo sitio del que partimos.
Pero diablos, eramos viejos, auténticas momias. No nos encontrábamos mal, pero nuestro aspecto ya no era el mismo. No nos importó demasiado porque nuestra choza estaba literalmente cubierta de oro, así que decidiomos darle un poco a los muchachos para que el cielo no nos volviese a castigar por nuestra avaricia, y debió de funcionar, porque ese oro nunca dejó de serlo. Además nuestros amigos los rayos o ángeles o lo que fiueran nos habían puesto aquellos símbolos en el antebrazo...”

...y la explicación de la ciencia
Estos increíbles hechos fueron más tarde explicados, lo habéis adivinado, por Lazslo Chi en el libro que citábamos al principio. Lo normal , o lo “normal” hubiera sido que al regresar ellos, el resto hubiera estado envejecido. Eso es una abducción típica sin más interés. Pero según Lazslo la historia de Darlbey y Tarlton demuestra una teoría desconocida hasta entonces: que no hay extraterrestres; los extranjeros somos nosotros. Él barrunta que hay unos seres perfectos, hechos de energía, que viven en medio del espacio, en formaciones eléctricas que les protegen de las leyes de la física, y que a otro nivel el Sistema Solar es una nave que se desplaza a una velocidad tal que consigue ignorar el paso del tiempo, y que nosotros no percibimos ese movimiento debido a un efecto óptico que nos hace creer que estamos siempre en el mismo lugar.
Esto explica por qué ellos dos envejecieron mientras que en la tierra sólo pasaron siete días. Aunque hay agujeros en esta teoría (cosa habitual en la obra de Lazso, que cree que la relectura es para los mediocres) resulta esperanzador pensar que viajamos a bordo de una nave espacial viva, flotando solos en el espacio, atrapados en la materia antes de ser despedidos, en forma de energía, a la inmensidad.

miércoles, noviembre 12, 2003

La visión del veneno
Hace mucho que no escribíamos en la página, ¿verdad? Pues por fin, ahora que estamos fuera del control de los malvados (sólo por un rato) vamos a hacernos eco de una sorprendente noticia que salió (ejem) el mes pasado, en el paradisíaco entorno de Hawai, concretamente en Kamuela.
Como casi todos nos visitáis desde España suponemos que sabéis de sobra la historia de esa ATS ( ¿o era doctora?) que asesinó con un bisturí a varios de sus compañeros, y de quien todo el mundo temía algo chungo desde el principio porque “tecleaba con el ordenador apagado mientras se reía como una loca”.
Pues algo parecido pasó el 7 de octubre en Kamuela, en el New Hawai Community Hospital.

Según las crónicas policiales, ese día Charity Bergson se levantó a las cinco de la madrugada, antes de que amaneciera, y sintió un pinchazo en el corazón que le bajaba por todo el cuerpo y que de hecho le provocó el vómito. Con un intenso dolor de tráquea por las violentas arcadas, se arregló y se fue al trabajo, con una peculiaridad (que los médicos no se terminan de explicar): no podía ver la luz del día. No era que se hubiera quedado ciega, sino que percibía el mundo como si fuera noche cerrada.
Esto lo descubrió a las ocho de la mañana, cuando le comentó a un compañero lo mucho que tardaba en amanecer. La examinaron allí mismo pero no tenía nada, así que su jefe le recomendó ir a reposar. Charity quiso ir antes al servicio y allí sufrió una violenta alucinación: la tubería del lavabo no iba hasta la pared, sino que iba a parar a la boca de una criatura repugnante y viscosa, parecida a un humano, y posiblemente hembra, que emitía unos espantosos sonidos parecidos a los del ahogo. “Intenté ir hacia ella o ello para socorrerle a pesar de su aspecto, pero me miró con esos ojos y no me atreví”, declaró la enfermera. Para entender el terror que debió de causarle la visión conviene incluir sus palabras al respecto “Era un ser de aproximadamente metro y medio de estatura, con la piel parecida a la de un sapo pero mucho más pálida. Tenía unas venas muy gruesas y se notaba cómo la sangre fluía a través de ellas. También tenía una larga melena azulada, que se había enroscado por todo el cuerpo como si fuese una especie de túnica; creo que tenía algo enganchado, como algas o trozos de coral. Por lo que pude ver, su boca era repugnante, como el orificio de una anémona. Se aferraba a la tubería como si le fuese la vida en ello. Los brazos los tenía sueltos, tocando el suelo; se sostenía sobre un charco, es como si no pudiera salir de allí. De hecho sus ojos eran como el agua estancada, sucios e inexpresivos” Nadie en el hospital reconoce haber visto nada ni nadie que se corresponda con esa descripción. Charity en aquel momento seguía percibiendo que afuera era de noche, y comenzó a gritar alarmando lógicamente a todo el personal del New Hawaii. Entonces dice que la criatura alargó los brazos para cogerla (y por lo visto medían más de lo que se veía, porque el lavabo estaba a casi dos metros de la puerta) y ella salió fuera chillando y corriendo y consiguió del almacén de mantenimiento un martillo, con el que se puso a hacer guardia frente a la puerta. Estaba en la planta 4ª, y por motivos de seguridad el personal de la 3ª también tenía que ir a ese baño. Los esfuerzos por reducirla fueron inútiles hasta que llegó la policía, y en ellos falleció el pediatra del hospital al intentar acercarse a ella.
Puede que así fuese como salvase la vida de todos sus compañeros, porque la policía precintó esos servicios. Los motivos de Charity eran que la criatura estaba envenenando el agua del edificio y que ella tenía la obligación de que nadie bebiera de allí.

Por suerte el oficial al mando la creyó y se analizó una pequeña muestra del agua, que efectivamente contenía un veneno (cuyo nombre no se ha revelado a la prensa, para no crear alarma social) soluble y mortal en grandes cantidades. No se ha logrado detectar aún (a un mes vista) de dónde procede ni cómo llegó hasta allí.

Todavía no hay una sentencia para el caso Bergson. De momento está ingresada y bajo vigilancia. No ha vuelto a sufrir visiones pero tampoco ha recuperado su vista normal, y lleva más de treinta días viviendo en una noche perpetua.

Nosotros no tenemos tampoco explicación para esto, pero nos recuerda mucho a las teorías del flujo de las visiones, de la que os hablaremos en otro momento, porque se acaba el tiempo.

¡Estamos encantados de poder postear de nuevo!