viernes, noviembre 21, 2003

EL FLUJO DE LAS VISIONES

Hace unas semanas os prometimos que os hablaríamos del flujo de las visiones, por ser la explicación más lógica a los tristes sucesos de Kamuela, Hawaii.
Todo el mundo ha oído alguna vez que los humanos tenemos un sexto sentido que nos permite percibir las situaciones de peligro. En ocasiones se manifiesta como un pitido en el oído, o como un malestar extraño y poco definido. Las cejas se levantan sin que seamos conscientes o sencillamente el cuerpo reacciona ante la situación sin que procesemos un solo movimiento a través de la cabeza.
Pero la percepción extrasensorial puede llegar mucho más allá. En el siglo XVIII un médico francés, encargado de un psiquiátrico cerca de Lyon se dio cuenta de que algunos de los internos no parecían trastornados sino simplemente asustados. Tenían en común el estar recluidos por un ataque sangriento a alguien a quien “sólo pretendían defender”. Todos tenían alucinaciones monstruosas que escapaban a la razón, pero no habían vuelto a tener este tipo de trastornos. El Doctor Seigner además era seguidor de algunas doctrinas del centro de Asia, y era conocedor de la teoría de los vientos celestes, en la que se basa en buena medida la del flujo de las visiones.

Los vientos celestes

Enunciada hace más de 5000 años, la teoría de los vientos celestes sostenía que las divinidades no eran unos seres inmateriales ajenos al mundo físico o que al menos no eran completamente inmateriales. Las divinidades serían entes necesitados de un cuerpo físico que vagan por el éter en busca de un alma a la que socorrer. Necesitadas de un vehículo, viajarían en el viento dormidas, hasta que cayesen dentro de un ser vivo . Dicho ser podría ser animal, vegetal, mineral, o por supuesto un ser humano. Si por ejemplo una divinidad habitase un árbol, éste reverdecería instantáneamente y proporcionaría cobijo a un gran número de criaturas, y multiplicaría por diez sus frutos. Si se instalase en un pez, éste renovaría las aguas con sus movimientos y las convertiría en un río caudaloso y óptimo para la vida ( en un tono bastante legendario hay quien atribuye a un pez poseído por una divinidad la conversión de un riachulelo insignificante en el mismísimo río Indo). Si por el contrario una divinidad fuese a parar a una montaña, convertiría la piedra vulgar en sólido granito, alimentaría la tierra con su energía y allí crecería un magnífico bosque.
Pero si los vientos celestes hiciesen caer a algún dios dentro de un humano, éste, por su disposición en la naturaleza, se vería obligado a ayudar a sus semejantes una y otra vez, sin importar los problemas que pudiera ocasionarle, hasta su muerte. En la cultura judeocristiana esto puede ser visto como un don extraordinario, pero los vientos celestes sugieren que se trata más bien de una maldición fatal, pues los dioses saben mucho más de los hombres que ellos mismos, y en ocasiones lo que necesitan en realidad es muy distinto de lo que ellos creen que necesitan. Por eso los poseídos se convierten en una suerte de Melmoth el Errabundo.

La reinterpretación del doctor Seigner

Seigner no compartía esta visión casi gnostica del destino del ser humano que se desprende de los vientos celestes. Para él además no hay tales divinidades ( está claro que nació en el Siglo de las Luces), sino simplemente una especie de consciencia universal que se manifiesta y nace de (única y exclusivamente) los seres humanos. Así, sólo puede instalarse dentro de ellos, y siempre cuando surgen instintos de protección que empujan a un hombre a ir más allá de las limitaciones.
En algunos tratados de la época se cuentan historias como la de que una madre anciana saca de debajo de un carro a su hija pequeña (que alguien nos explique por cierto esta contradicción con las edades) sacando fuerzas del miedo. Del mismo modo, cuando alguien percibe un peligro potencial para sus semejantes, la conciencia benefactora se instala en él ( o ella :p ) y a través de alucinaciones visuales consigue ver claramente el peligro e intenta ponerle freno. Por el vago desarrollo que tiene aún la humanidad esto es sólo una vaga muestra de lo que el futuro nos depara, pero mientras tanto se conviete en una dolorosa experiencia para el depositario del flujo de las visiones.
Entonces, muchos de los perturbados de su psiquiátricos eran más bien héroes que deberían de ser tratados como tales.

Estas teorías fueron abandonadas hasta mediados del año 1868. En ésta época, el Doctor Sauco, en Cuba, recuperó y revisó las tesis de Seigner dándoles un gran sentido. Al mantener correspondencia con muchos doctores europeos, desarrolló mucho mejor todo esto que si hubiera estado sólo en sus pesquisas. Postuló que el flujo de las visiones en efecto es real (aunque no descarta que pueda manifestarse, sin que lo sepamos, en criaturas no humanas, pero siempre dotadas de órganos motrices por la corriente de energía que esto provoca) pero que no siempre la gente sabe que está siendo objeto de terribles visones. Adelantándose en unos cuantos años a Freud y su teoría del Psicoanálisis (cosa que por cierto nunca le ha sido reconocida) dijo que los primeros dos años de vida son la base de todas las percepciones de un individuo y que cuando entra en contacto con el flujo de las visiones, éstas se manifiestan según su imaginería personal, de tal modo que las personas de imaginación exaltada tendrían mucha más facilidad para reaccionar frente a las alertas que aquellos cuyos temores se manifiestan en la visión de su madre o de un cruel hermano que se sintiera desplazado, sencillamente porque serían capaces de reconocerlas al instante.
De este modo, muchas catástrofes podrían haber sido evitadas si un número indeterminado de gente hubiera visto en sus alucinaciones un peligro real y no simoplemente una grave disfunción que era mejor ocultar.

Desgraciadamente para él, el 10 de octubre se pronunció el Grito de Yara y Sauco se llevó la peor parte, siendo muerto en una pequeña reyerta al intentar impedir que algunos exaltados prendiesen fuego a su casa. En este incidente su obra quedó reducida a cenizas y sólo por su correspondencia se tiene noticia de todo esto. Quizás en esas páginas cuidadosamente manuscritas venga alguna aclaración sobre si la visiones implican no percibir la luz del día, como le pasó a la pobre Charity Bergson.

En definitiva, y a pesar de los giros que puede dar el destino, si alguna vez veis algo raro, tened en cuenta que podéis ser víctimas del flujo de las visiones...