viernes, octubre 15, 2004

EL CONCEPTO DE YOGOURTHERA

Hace poco una vecina vino desde la otra escalera pidiendo un desatascador: Jimina estaba sola y le abrió la puerta. Le dijo que no sabía donde estaba, ella insistió, así que nuestra indefensa compañera estuvo un buen rato buscando en la cocina y cuando volvió se la encontró en el recibidor husmeando en los cajones, con ansiedad y sin ningún tipo de reparo.
Jimina, como quien está frente a un lobo en el bosque, carraspeó primero un poco para llamar la atención de la bestia, que no se sintió especialmente avergonzada. Cuando la Sabadú blandió de manera absurda aquel objeto extremadamente cómico, la mujer pareció recordar su coartada y lo cogió, pero sus ojos estaban fijos en el mueble del recibidor. Sus líneas, los pomos de sus cajones, la horrible decoración “casual” con revistas atrasadas encima y un recipiente imitando cobre en medio... Dio las gracias vagamente y se fue.
Jimina estuvo el resto de la mañana aterrorizada por aquel descarado allanamiento de morada. Le había abierto la puerta extrañada pero de buen talante, en pijama de conejitos y bata de ositos, un poco avergonzada de su atuendo. Pero a aquella máquina de cotillear le daba igual, sólo quería entrar en la casa y verlo todo, ¡todo! Abrir cajones, comprobar calidades, buscar información secreta tal vez... Hoy, cuando lo comentamos todos, no sabemos a ciencia cierta qué impulsó a esta extraña mujer a inventarse esa excusa para ver nuestro mueble del recibidor. Pero su visita trajo el terror a nuestra casa.

Fue como “La Comunidad”, como “La semilla del diablo”, como “Mujer blanca soltera busca”, como el episodio de “Los Simpsons” en el que Homer se hace amigo de Flaunders. Una experiencia aterradora, revelación de la condición humana y de lo desprotegidos que estamos del mundo.

Esa noche todos dormimos mal. El viento silbaba en puertas y ventanas y oíamos a lo lejos el rugido de las pesadillas que por un momento se colaron en nuestro hogar y camparon a sus anchas. Habíamos visto como por una pequeña rendija un elemento extraño había penetrado en el hogar, en la Yogourthera. Desde entonces hemos meditado mucho y hemos visto lo que ES la Yogourthera. Es ese pequeño espacio artificial, pero necesario para existir, donde nos aislamos del resto del mundo, pero no completamente. Por las rendijas se cuelan los polvos químicos que luego dan lugar a esos miedos terribles, y se van calentando hasta que pasamos de simple leche pasteurizada a yogourths. Un yogourth extraño y antinatural, un yogoruth rancio.
Y fuera de la Yogourthera hay una legión de monstruos que, encarnados en seres y objetos de los que nunca sospecharíamos, esperan en la oscuridad a que abramos una rendija que les permita entrar a despertarnos de nuestro sueño, enseñarnos sus afilados dientes y luego desgarrar nuestras entrañas y beberse nuestra sangre. Nada ni nadie está fuera de sospecha.

Todos tenemos una Yogourthera, todos nacemos siendo leche pasteurizada y un día la corriente eléctica y los posos de maldad nos convierten en Yogourth en yogourths rancios que vegetan en la cápsula-yogoruthera esperando el momento para salir, ese momento que nunca llega.

Vigilad los cielos, vigilad las ventanas, y las puertas. Y sobre todo, no os fiéis de nadie. Podría ser uno de Ellos.