lunes, noviembre 15, 2004

LA RAZÓN CONTRA EL CORAZÓN

Hoy, dos noticias nos han sacudido fuertemente. Bueno, tres. Hay una que no os podemos contar aquí. Pero Ernie la conoce. Ernie ha estado enfermo y nos hemos concentrado en su convalecencia.

Ahora vayamos con las otras dos, que están relacionadas. En Crisis Comics, nuestra tienda predilecta de Madrid, hemos encontrado un ejemplar original de “The flight of the dragons”, de Peter Dickinson (de extraña relación con la película homónima), que a su vez no es sino una copia del “Dragonia” de Jebediah Conrad.

La otra está relacionada con Jebediah Conrad: nos hemos enterado por casualidad (una lista de correo de esoterismo en Papúa a la que pertenecemos) de que su nuera ha fallecido ésta madrugada.
Así es, Angelica Jordan (de soltera), señora de Robert Conrad, está muerta. (Id a ver éste link, éste,para poneros en situación).

A las seis y media de la mañana, un empleado de limpieza del ayuntamiento de Timaru (podéis deleitaros con su “Brujas del Sonido Dudoso” y estaba haciendo renacer con fuerza el tema de la brujería ritual en Timaru.
Y anoche, en medio de una fuerte discusión con su marido, éste negó de manera tajante e incluso violenta la existencia de fuerzas sobrenaturales actuando sobre nuestra vida.

Es decir, que teniendo en cuenta la desaparición el viernes de una de las muestras de escama de dragón de las vitrinas del museo, es bastante fácil adivinar lo que ha sucedido, así que nos vamos a adelantar, aunque no descartamos que la autopsia arroje nueva luz sobre el caso.
Angelica, que practicaba la magia negra, quiso demostrarle a su marido la naturaleza de sus creencias y siguiendo la receta de una pócima medieval, ingirió escamas de dragón mezcladas con otros ingredientes –desconocidos hasta el momento – para volar sobre la isla. Y se la dio contra el suelo. Diríamos “elemental, querido Watson”, pero el caso nos parece bastante trágico.

Lo escalofriante del caso es que el cadáver no estaba a las puertas del museo, (lógico cuando uno se precipita al vacío), sino a setenta metros de dicho lugar. Eso, eso y no otra cosa, es lo que parece haber sacado de quicio temporalmente a Robert.

Nosotros estamos consternados por ésta historia, y no sabemos si hacer caso a la ciencia y el sentido común, o a las pruebas que ésta vez apuntan a todo lo contrario. Sólo nos queda esperar a la autopsia y leer en los foros lo que está pasando.

Hasta entonces, que durmáis bien. Quien sabe si podréis ver una silueta cruzando el cielo sobre una escoba...