jueves, marzo 24, 2005

Explosión anime

Hoy voy a hablar por mí, y sólo por mí.

Este post es sobre la pequeña polémica desatada por la emisión del documental "explosión anime", donde uno de los personajes(cuya web es ésta) ha aparecido con la cara tapada con un muñeco animado.
Yo, que he aparecido en el documental con mi cara, creo que el revuelo ha sido innecesario y absurdo. Si a mí me hubieran tapado la cara, me daría cosa, rabia, lo que fuera, pero tampoco lo vería como una ofensa. Entendería que el implicado se quejase, porque quien más y quien menos, a todos nos gusta vernos, ¿no? Bueno, pues por lo que he leído el que se ha quejado no ha sido él, sino gente que estaba protestando antes incluso de la emisión del programa.

Yo, que ya lo he visto, y que estuve mientras se hacía porque me hicieron una pequeña entrevista y porque hice la "pieza" con la chica japonesa, creo que es no sólo un programa muy bien documentado y ameno, sino que además se muestra extremadamente respetuoso con el mundo otaku y que ha pretendido mostrarlo sin ninguna connotación negativa. Ha salido el establecimiento "shen comics", han salido los musicales de la asociación "tatakae", ha salido Vanessa Durán, Joan Navarro de Glenat, ¡incluso Katsuhiro Otomo! ¿¿¿¿y todavía hay quejas????

Ultimamente el mundo del manga estaba, para los medios generalistas, totalmente vetado(o, mejor dicho, ignorado). Ya no hablaban de nosotros, pero tampoco nos vilipendiaban (sólo se oía alguna queja por "shin chan" y programas similares), y ahora viene un grupo de gente que se vuelca en éste proyecto, que se molesta en documentarse, que intenta que se vea reflejado cómo es en realidad el mundillo, compuesto por gente activa que se divierte no sólo sin hacer daño a nadie, sino de forma bastante creativa, ¿¿¿y la gente se mosquea por algo así????

El chico no se llamaba Naruto, sino Héctor, y la japonesa no era Aki, sino Yurika. Esa parte era ficción. Para representar las diferencias entre dos países. Sus voces tampoco eran las suyas, sino las de dos actores de doblaje, ¿no habría que quejarse por eso también?

Personalmente, y no me gusta entrar al trapo de éstas cosas, creo que para una vez que se trata con seriedad y cariño el mundo del manganime, lo menos que podríamos hacernos es alegrarnos.
Hace tiempo pensé que iba a pasar de este tipo de polémicas y concentrarme en lo positivo de éste mundillo: lo activa que es la gente, lo divertido que es ir a unas jornadas y compartir una afición, el hacer miles de actividades que impliquen uno de mis hobbies favoritos, y por supuesto disfrutar leyendo manga y visionando anime, que al fin y al cabo es de lo que se trata. Porque ésto es una afición, no una secta religiosa. Si a alguien no le gusta, que no mire. Y si llega alguien y decide hacerse eco del tema, pues miel sobre hojuelas.

Pero lo que me parece un despropósito es adoptar una actitud paranóica y pensar que cualquiera que mencione el manga y el anime sin hacerlo dentro de los límites de lo que YO considero adecuado, es porque se quiere reir de mí. O del mundillo. El tema de la cara sobre Héctor era puramente cuestión formal. Y quien no lo vea así, mal asunto.

Si alguien quiere comentar algo sobre éste particular, puede bien escribirme a jiminasabadu@yahoo.es , bien dejar su opinión en los comentarios. Se accede a ellos pulsando sobre la hora del post. Se abre un link permanente y allí te viene "leave a comment".

Un saludo a todo el mundo, y perdón por usar éste blog para fines como éstos, pero es en el único sitio donde lo puedo hacer.

martes, marzo 22, 2005

Nunca llueve eternamente

Nos vais a perdonar por poner de encabezamiento una frase de la infame "El cuervo" (que odiamos por haber dado pie a una generación de góticos flipados que flanean por Callao como si acabasen de levantarse de la tumba y se hubieran dado cuenta de que molaba).
En fin, si os fijáis, soy yo, Criptobia Fernández, quien postea otra vez. Hoy no vamos a hablar en plural. Y es que parece ser que la gente ignora que éste es un BLOG COMUNITARIO, que lo escribimos cinco personas, los que componemos la Sociedad Secreta del Yogourth Rancio (no afiliado a la Sociedad de Sociedades Secretas Internacionales).
Parte de la culpa es de todos nosotros, porque tenemos la costumbre de postear desde la cuenta de jimina, pero nos vamos a hacer una para todos y punto. Y luego cada uno firmará su post abajo del todo (Con lo que os podríamos engañar, pero, ¿qué mas da?).

Y ya que estoy aquí, quería deciros que si os fijáis, estamos actualizando un poco más e intantando introducir mejoras como fotos para esos visitantes vagos que te dicen "sí, estuve en tu página, pero como no tenía dibujos pasé. Ya os leeré cuando sea imprescindible". Frases como estas son las que nos hunden. Menos mal que nos consta que hay otra gente, no mucha pero sí muy consistente, a la que esto le entretiene. No es fácil intentar hacerse eco de noticias que se ignoran en el resto de medios. Aparte de todo, sí que está un poco espeso esto. Pronto también queremos que haya algo parecido a un diseño. A ver qué tal.

En fin, que no paramos con nuestras cosas. Jimina Sabadú está, como muchos habréis constatado, absolutamente desatada con el tema foros. Está en dieciséis listas de correo de yahoogroups y leerselas, no se las lee, pero postea en casi todas. Luego se dedica a flanear por distintas páginas webs y brasear día sí día también con sus prescindibles opiniones. Y el spam, ¿qué os voy a contar que no sepáis? Por cierto, por si no os lo ha contado ella, os lo digo yo: aparece en el documental "Explosión anime" hablando de lo suyo, del manga.

En cuanto a Britania LaNuit, está como loca ahora que es la mujer biónica. No para de arreglos, retoques, visitas a la peluquería, y dietas. Siempre fue un poco así, pero ahora que hace calor parece que la han dado cuerda. Además planea darle un empujón estético a la web, ya que ella es nuestra Dafne particular. Si fuéramos el supergrupo, ella sería la tipa esa que lanzaba rulos.

Guillermo Trampitas vive su particular involución y está como loco haciendo planos para construirse una casa en el árbol (os lo juro!). De aquí a vender limonada casera para financiar el yogourth no hay más que un paso. Por otro lado, está volcado en el estudio de los viajes en el tiempo y demás. Nos ha traído referencias inquietantes de las que pronto os hablaremos.

Apocalipsis Fabada sigue siendo el miembro más vaguete de nuestro equipo. Es al yogourth lo que Linterna Verde a la Liga de la Justicia. Si ésto fuera una película, él sería interpretado por Will Smith, que vestiría de beatnik para la ocasión. Por otro lado trama algo, que dice que es "una sorpresa", pero que nos tememos que es una salida de la yogourthera. Un viaje a algún punto de Zentropa donde sólo dios sabe qué es lo que nos espera. Es, como deberíais de saber, el más partidario de la acción directa.

En cuanto a mí, estoy con unas investigaciones de las que ahora no os puedo hablar. Son sobre unos extraños acontecimientos en Suecia.

Vigilad los cielos, visitantes. O en otras palabras, cuando las barbas de tu vecino veas cortar...

lunes, marzo 21, 2005

Los túneles de la reina Victoria

Si os mencionamos el nombre de Alhazem, asentiréis con la cabeza y diréis “¡oh sí!, ¡el científico árabe que hacia el año 1000 de nuestra era demostró – con argumentos irrefutables- que la luz no era emitida por nuestros ojos sino por una fuente lumínica concreta!” , pero muy pocos le conoceréis también como el geólogo que promulgó la impopular teoría de los túneles aspiradores, hoy ligeramente en boga por la reapertura del más conocido en Stratford, Inglaterra.

Entras por un lado y sales por el otro.

Todos hemos estudiado en E.G.B. cómo es el Planeta Tierra por dentro. Se divide en núcleo, manto y corteza y su interior es incandescente e inestable. Eso cree la mayoría de la gente. Nosotros estamos más con esa teoría que dice que por debajo de la corteza hay otro mundo habitado por seres sorprendentes, sobre el que fantasearon tanto Julio Verne como el compositor español Enrique Fernández Arbós, que escribió una ópera sobre un madrileño que viaja al centro de la tierra (por cierto que Jimina espera ofrecer pronto un artículo sobre éste particular en “Mondo Brutto”).

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Sin embargo, Alhazem no creía ni lo uno ni lo otro, sino algo más bien intermedio. O casi. Sin entrar en el tema de la forma de la Tierra, promulgó una teoría según la cual bajo el suelo había, como en el cielo, unas corrientes de aire caliente y frío, y podríamos ir hacia abajo en una especie de magma como si el mundo fuera un milhojas, encontrando a nuestro paso diferentes sustratos con diferentes entornos -habitados quizás por razas fantásticas e inimaginables - hasta llegar a un centro huracanado. Estas corrientes crearían un colapso inmediato y una consiguiente explosión si no fuera por unos túneles que atraviesan todas las capas y que se entrelazan entre si, pero que nunca comunican una capa con la siguente, actuando como chimeneas de aire. Al contrario que los volcanes, que él explicaba de una forma que ahora no viene al caso, los túneles, numerosos en todo el planeta, expulsarían aire caliente de cuando en cuando.

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En teoría, éstos agujeros que trufan la tierra como si ésta fuera un vulgar queso de gruyère, servirían para hacer rápidos desplazamientos de un punto del mundo a otro, si conociéramos la manera de calcular con precisión cuándo se va a liberar aire caliente, porque en esas expulsiones de gas un humano (o cualquier otro animal u objeto) podría ser aspirado y posteriormente expelido.



Tú a Tanzania y yo a Inglaterra

Sólo se conoce un caso que pudiera probar la teoría de Alhazem, y lo hemos recordado porque precisamente ésta semana se ha reabierto el pozo en Stratford-upon-Avon que, supuestamente, sirvió a dos mozalbetes ingleses y a dos mozalbetes keniatas como programa de intercambio.
Se dice que éste pozo, ubicado en esa bella localidad que vio nacer a William Shakespeare, fue utilizado dos veces y la primera de ellas, precisamente por el afamado dramaturgo, que hizo un viaje a Sumatra que le sirvió de inspiración para escribir “La Tempestad”. Pero esto, por supuesto, no está probado.

Sí está mejor documentado el caso de David Brent y Gareth Keenan, dos muchachos de esa misma localidad que en enero de 1888 jugaban alegremente con la nieve hasta que uno de ellos cayó a un pozo. Cuentan que David Brent pedía auxilio porque el pozo estaba seco y que Gareth Keenan, en vez de ir a buscar ayuda, decidió meterse él también. Keenan era un niño decididamente límite y pensaba que si se ponía abajo y aupaba a su compañero sería más fácil salir. El caso es que una vez los dos estaban abajo, Brent perdió los nervios y se puso a darle golpes a la pared, histérico. Aún nevaba y tenían las manos prácticamente congeladas. Con la furia del momento, derribó parte de la pared y ambos fueron succionados por una corriente que les arrastró durante kilómetros y durante horas.

Lejos de allí, pero cerca del lago Tanganika, dos niños a los que posteriormente se les llamó John y Matthew (por los evangelistas) jugaban en una gruta a ras de suelo. También fueron arrastrados por una fuerte corriente hacia el interior de la tierra. Y unas horas después, vestidos con unos harapos, fueron expulsados del pozo antes citado, para caer al suelo como un puñado de ángulos agudos. Los padres de David y de Gareth los encontraron allí donde sus hijos habían sido vistos por última vez, y estuvieron interrogándoles junto a las fuerzas vivas de la aldea durante varios días.
Después de varias acusaciones peregrinas de brujería, secuestro, asesinato, suplantación de la personalidad y otros, el párroco decidió que esos niños que no hablaban inglés deberían de dormir en las camas de David Brent y Gareth Keenan, por lo que pudiera pasar.

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Mientras, allí abajo, los niños ingleses se encontraron por desgracia con la crudeza de la vida en una zona depauperada, y durante diez años estuvieron viviendo con los nativos, aprendiendo a cuidar del ganado y a construir cabañas de adobe. Durante diez años no vieron a más blancos, pero un día Gareth divisó a lo lejos a un grupo de hombres de su color y fue hacia ellos. Desgraciadamente se trataba de unos boers que iban a la lucha. Al oirle vocear en ingles, le pegaron un tiro confundiéndole con un enemigo. Así fue como Gareth Keenan se convirtió en uno de los 22000 ingleses caídos en esa guerra colonial. David explicó lo sucedido a los aldeanos y éstos le escondieron hasta que pasó la famosa batalla del lago Tanganika.

En Inglaterra, el caso de los niños negros de Stratford fue haciéndose más y más conocido, hasta que llegó a oídos de la Reina Victoria, que además era la máxima autoridad de la Iglesia Anglicana. Como su agenda estaba tan apretada que planeaba las visitas con varios años de antelación (de cinco a diez), les dio audiencia a ellos y a las familias Keenan y Brent para agosto de ese año. Mientras, los emergentes panfletos sensacionalistas fueron publicando información sobre el caso. Sólo un geólogo publicó un artículo en el Gea’s Bazaar (desaparecido periódico sobre fruslerías de ciencias de la naturaleza) apuntando a que probablemente fuera un caso documentado de túneles de corrientes de aire y que esto debía de ser investigado a fondo. La repercusión del artículo se redujo a la visita airada de una dependienta de una tienda de jabones, que decía que era lo más idiota que había leído en su vida, y que enojada, arrojó una pastilla a la cabeza del autor, Christian Thibert, que tuvo que guardar cama durante una semana tras la inexplicable agresión.

Éste hombre, el profesor Thibert, viajó a Stratford-Upon-Avon para hablar con los implicados pero sólo recibió las chanzas de los lugareños. Hacia abril, las familias implicadas le acogieron y dejaron que enseñara inglés a los dos “negritos”, para que pudieran explicar lo que pasó.
Finalmente, llegó el verano y con él, la visita a la Reina Victoria. Ésta decretó que los negros eran ciudadanos ingleses y que deberían de recibir el sacramento del bautizo, de tal modo que pasaron a llamarse John y Matthew. Y curiosamente, Christian Thibert fue nombrado mentor de los muchachos al rechazar los padres de los niños desaparecidos tener cualquier parentesco con los dos negros. El asunto hubiera sido un precedente sobre derechos humanos al tratarse de dos chicos de color, pero desgraciadamente el día 31 de ese mes, Mary Anne Nichols fue asesinada en el londinense barrio de Whitechappel y la prensa se volcó de lleno en el primer crimen de Jack el Destripador.

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Con calma y una taza de té. El reencuentro

Con el Destripador llegó el olvido. Todo el mundo sabe que él dio comienzo al siglo XX, pero pocos se acordarán de lo que se hizo de ese plumilla del Gea’s Bazaar y de los niños africanos. Ellos se trasladaron a Londres y quince años después abrieron una sala de cine con el dinero de Thibert, que no paró de investigar los pozos de Stratford en busca de una nueva “fuga” que le permitiese viajar a donde estaban los muchachos ingleses. Con el tiempo fue cogiéndole sincero cariño a John y Matthew pero era evidente que su corazón colonialista ansiaba recuperar a los muchachos ingleses, que él imaginaba desconcertados en medio de algún lugar de África.

Con paciencia y no pocas infusiones de Darjeeling, entre los tres pudieron imaginar de dónde habían venido John y Matthew: posiblemente de Tanzania.

Mientras tanto, David Brent vivió escondido hasta que los ingleses fueron ganando terreno. Una vez entró en contacto con ellos, se despidió de su familia africana y se embarcó en un buque rumbo a la Gran Bretaña. Antes de irse, cogió una piedra de obsidiana y se la guardó en el bolsillo; no se separó de ella hasta el día de su muerte, ya que decía que África iba en esa piedra. Cuando por fin puso el pie en Stratford, no pudo ver a sus padres ya que habían fallecido años atrás. Sí pudo ver a unos tíos y a los padres de Gareth, a los que explicó las circunstancias de la muerte del muchacho. Apenados, los habitantes del pueblo comprendieron que Thibert tenía toda la razón, y tapiaron el pozo y lo cubrieron de tierra para evitar futuras desgracias.

David viajó con el dinero de una colecta a Londres, a visitar al prof. Thibert y a John y Matthew. Ellos le dieron trabajo como proyeccionista de su sala, y así fue cómoe convirtió en un gran cinéfilo y poco después, en el fan número uno de Lillian Gish en la pérfida Albión, a la que empezó a escribir cartas en las que le explicaba su aventura, movido por un extraño amor romántico hacia la intérprete, a la que veía como un hombro sobre el que llorar. . Tal era el nivel de la correspondencia que la estrella de cine hizo un viaje relámpago a Londres a conocer en persona a su admirador (cosa que no pasa nunca, la verdad) en compañía de David W. Griffith, que estaba interesado en rodar un melodrama sobre el tema de los túneles que nunca llegó a rodarse. Gish le veía como a un moderno Allan Quatermain.
John y Matthew murieron durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, al negarse a abandonar su sala de cine, y David Brent murió tranquilamente en Stratford-Upon-Avon en 1954 rodeado de sus hijos y nietos, y con una foto dedicada de la diva del cine mudo que decía “Para David, el héroe de África”. Respecto a Thibert, falleció en 1932 sin conseguir el reconocimiento por una vida dedicada a las teorías de Alhazem. Su trato con los populares del siglo XX (estaba envidioso de la atención que la Gish le prestó a David) se limitó a una serie de cartas que le envió a Albert Einstein, de las que sólo obtuvo unas cartas de respuesta que terminaron con el telegrama-bomba “Ya (le he) dicho (que) Dios no juega (a los)dados. (Usted es)Cargante."

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Colofón

Ésta semana se ha desenterrado el pozo que inició todo esto para construir una fuente pública. Tan sólo dos geólogos se han manifestado en contra. ¿Habrá más viajeros de las corrientes de aire? ¿Cambiarán sus vidas tanto como las de John, Mathew, David, Gareth y Christian? Algún día conoceremos las respuestas a éstas y otras preguntas…

PD: Por favor, que funcione lo de las fotos...

domingo, marzo 20, 2005

Queridos visitantes, se avecina el primer post con fotos. Estamos un poco en contra pero también entendemos que casi nadie se queda por aquí porque no hay ilustraciones.

Ahora nos vamos a cenar fuera, y a la vuelta les contaremos la fascinante historia de cuatro niños que hicieron un viaje de estudios de doce años de duración en las condiciones más extrañas que imaginarse puedan, y de cómo uno de ellos llegó a ser el amor platónico de una estrella del cine mudo mientras otro moría en el momento más feliz de su vida y los dos restantes pasaban de ser explotados a explotadores.

Una historia sobre el destino, la adversidad y, como no, la ciencia.

Y si alguien nos dice qué diantres pasa con los comentarios, pues mejor.

Mientras tanto, como no podemos poner links permanentes, déjennos hacerles unas recomendaciones:
El hombre que se parecía a Mario pero que no lo era
Uno que nos ha hecho dar golpes en la mesa de la risa
El focomelo redescubierto
El fanzine que dará sentido a tu vida

Teníamos más que poner, pero tenemos prisa.

Por cierto, nos encantaría saber qué extraño contubernio rufinomasónico nos impide comunicarnos con Ernie desde hace unos días. Ernie, te mandamos rayos con las antenas :__(

domingo, marzo 13, 2005

LAS MOSCAS DEL KRAKATOA

Llevamos meses mirando al cielo sin saber muy bien por qué. Es de suponer que a todos los que componemos el Yogourth Rancio nos ha afectado bastante lo que ha pasado en el museo de dragones de Nueva Zelanda, que en menos de un año ha sufrido cambios brutales (ahora mismo tiene una media de quince visitantes al día, más que algunos impopulares museos de Madrid, nuestra ciudad) .
A raíz de todo esto hemos vuelto a pensar una y otra vez en volar y en todo lo que lo rodea. Por eso hoy vamos a hablaros de uno de los casos más asombrosos que se han dado en la historia del vuelo sin motor…Y por cierto, este post se lo dedicamos a Ernie porque tiene algo que ver con él…

Con un cordel y una abeja…

Todos habréis oído, visto o experimentado que es posible coger un insecto volador, atarle un pequeño cordel alrededor del tórax (con maña y cierta habilidad de encantador de serpientes) y llevarlo el resto de la tarde alrededor como si fuera un extraño perro flotante o un globo de helio de los que venden en el Retiro. Lo más fácil y seguro, sin duda, es hacerlo con moscas comunes . Pero si uno es intrépido, posee un corazón indomable y además tiene mucho tiempo libre, puede intentarlo con abejas.
¿Por qué? Porque es retar doblemente a la razón. Las abejas son un completo desafío a la ciencia porque ellas ¡no pueden volar! Esto es completamente cierto. Nada en el mundo de la física explica que puedan elevar su peludo cuerpecito y batir las alas e ir de una flor a otra y con el viento que levantan, mover algunos pétalos de las plantas que polinizan. Mas lo hacen.
Y como sabréis si sois seguidores de las teorías del Yogourth, las convicciones articulan la mayor parte del mundo tangible. Es decir, que si creemos que nosotros los humanos no podemos volar, porque pesamos más que el aire, no podremos volar. Pero esta falacia se vino abajo en el siglo XIX y finalmente pudimos volar. O lo que es más, ahora volamos porque creemos que podemos hacerlo. Pero las abejas no tienen, que sepamos, convicciones, así que simplemente vuelan.

A ver, que nos estamos perdiendo. El caso es que según Homero (bueno, Homero concretamente no. Luego os explicamos...) , en tiempos remotos hubo un rey fenicio empeñado en ver, desde una perspectiva aérea, el fin del mundo. Por eso reunió a todas las abejas de la ciudad de Tarteso y ordenó a sus súbditos que las ataran a unos cordeles especiales de tal manera que entre todas le elevasen en el aire y le llevasen hasta los confines del mundo. A pesar de que los consejeros le pidieron encarecidamente que hiciese ese mismo experimento con palomas, él se negó aduciendo que las palomas son animales sucios y sin alma, cosa extensible a todas las aves de la época. De tal modo que el absurdo plan siguió en marcha y el rey consiguió, sorprendentemente, levantar el vuelo, pero cuando se alejaba por la costa (en dirección contraria al fin del mundo, que como sabéis estaba al oeste, es decir hacia el interior según la orientación de Tarteso) una bandada de gansos se cruzó con las abejas y éstas comenzaron a picarlos un tanto irritadas, perdiendo el aguijón y con él la vida, de tal modo que el rey fue perdiendo altura hasta caer al mar y perecer ahogado.
Este fatal desenlace dio al traste con la idea del vuelo con insectos durante milenios.

Hasta que…

Dadme una mosca y moveré el mundo


La historia anteriormente descrita está dentro de lo que los expertos llaman “los aprócrifos de Homero”, conjunto de relatos de fantasía científica atribuidos por algunos malpensados a un discípulo alcohólico de Homero que acabó ejerciendo de máscara parlante en representaciones provincianas de Electra. Dentro de la compilación se hayan historias sorprendentes de animales y hombres como la lucha de cien años a lomos de tortugas entre cartagineses y bárbaros, o el poema galante “la trucha y la doncella”, donde se explica de manera un tanto abrupta el origen de los tritones (con un desarrollo que recuerda bastante a algunas películas de David Cronenberg).
Los “apócrifos de Homero”, debido a su escaso interés literario o histórico (sólo como curiosidad tienen un pase) han conocido pocas ediciones. La primera fue una tirada de doscientos ejemplares que salió y se agotó quince días antes de la toma de la Bastilla, y la segunda data de 1830 en griego e inglés, y sólo se conservan tres ejemplares. Uno, en el museo Lazslo Chi en Viena, otro en la Biblioteca de la Universidad de Miskatonic, y un tercero en la Biblioteca del Trinity College en Dublín. Éste último ejemplar (según deduciréis de los avances de la historia, bastante desmejorado) fue el que obsesionó sobremanera a Stephen Nì Murchù, un joven de Galway que acabó convirtiéndose en el primer irlandés en sobrevolar las islas del Pacífico y algo más. Éste estudiante de Derecho y entomólogo vocacional sostenía que el relato del rey fenicio y las abejas era completamente real y que aquello era posible. Pero debido a su frágil salud aparcó la idea de repetir la hazaña durante algunos años.

En ésta época, el gran Thor Heyerdal todavía no había maravillado al mundo con su Kon Tiki (la barca que demostró cómo llegaron los habitantes de la Isla de Pascua hasta allí), pero Nì Murchù llegó a hacer algo bastante parecido. Y hubiera pasado a la historia de no ser por las fuerzas de la naturaleza…

Stephen Nì Murchù nunca llegó a ser un reputado entomólogo ni tampoco a ejercer como abogado. Se casó joven, sin terminar sus estudios en el Trinity, y se enroló en la marina inglesa. Durante sus largas travesías en alta mar, le escribía encendidas cartas a su mujer en las que se combinaba la añoranza carnal con las prolijas explicaciones sobre la importancia de las moscas en la Tierra. Según Stephen, eran las elegidas de Dios, las criaturas más perfectas de la Creación. Seres perfectos nacidos para molar, vamos.
Aparte de todo eso, su comportamiento en la marina era errático y siempre desafortunado. Desatendía sus obligaciones de telegrafista y siempre se le encontraba bien lejos del puente de mando haciendo planos para volar. Y en su bolsillo se encontraba un ejemplar de los “apócrifos de Homero” sustraído de la biblioteca de la Universidad. Era un adelantado a su tiempo que no entendía por qué nadie le tomaba en serio.

Parada en Sumatra: del lupanar al cielo.

En uno de los puertos que visitaron, en Sumatra, Stephen se adentró solo en un fumadero de opio. Como sus compañeros le hacían el vacío, su costumbre era la de visitar en soledad los puertos, contratar una prostituta, y masturbarse durante cerca de una hora mientras ella hacía lo que fuera por la habitación. En uno de éstos lupanares conoció a un rico terrateniente cuyo nombre se mantuvo en secreto (sólo quedaron las iniciales, S.M., en su correspondencia con Doirean Nì Murchù, su esposa, por lo que algunos han querido ver que se trataba de un miembro de la familia real inglesa, cosa que nosotros no creemos por varios motivos) pero que se mostró interesado en su proyecto de levantar el vuelo con miles, millones de moscas atadas a un cordelito. No se sabe si fue por el opio o porque el citado S.M. era tonto del bote, el caso es que Stephen abandonó la marina y se instaló en las fincas del millonario, junto a doscientos nativos, y entre junio y agosto de 1883 se dedicó a criar moscas y a atarlas a cordelitos. Y el 25 de agosto, en una nave hecha de caña y adobe, con un catalejo, un cuaderno, y el ejemplar tangado del Trinity sobre la odisea del rey fenicio, Stephen Nì Murchù entregó la última carta a su mujer a S.M. y le agradeció los favores recibidos, prometiéndole que pasaría a la historia de la aviación. Cosa que quizás hubiera sucedido de no ser porque…

Nì Murchù es Dedalus, y Penélope no vuelve a ver a Ulises.

Probablemente ningún lector haya visto quinientos metros cuadrados de moscas en formación, volando sin rumbo concreto, en el horizonte, que elevan con sus cuerpecitos una embarcación aerodinámica y ligera rumbo a lo desconocido.
Éste prodigio fue visto en una ocasión por un terrateniente y un grupo de mal alimentados agricultores de la caña de azúcar. Nadie sabe cuánto se adentró en el océano tan extraña nave, pero el caso es que antes de que se hubiese completado un día de vuelo, Stephen tuvo la dudosa fortuna de contemplar la mayor erupción volcánica que ha conocido el Hombre. Una columna de 27000 metros de altura, de fuego y humo, se veía en el horizonte. Unas olas gigantescas empezaron a recorrer el mar y a desdibujar costas e islas enteras. Y una explosión de pavesas chocó contra las cuerdas que unían las moscas a la barca separando una buena parte de ellas. La nave duró unas horas más en el aire, pero Stephen estaba completamente sordo y la embarcación iba completamente a la deriva, perdiendo altura progresivamente. Al anochecer cayó con una sola mosca , el libro y el cuaderno, en la cima de una montaña en una pequeña isla en algún lugar de la península de Indonesia. Desde allí pudo contemplar cómo unas grandes olas barrían toda la tierra y cómo llovía fuego. Por suerte la barca de caña le protegió de aquella muestra de ira divina. Cuando todo pasó, Stephen Nì Murchú se encontraba solo en un mundo devastado.

Es difícil imaginar el miedo que debió de pasar éste hombre en tales circunstancias, y el horror que llegó a contemplar. Sólo sus cuadernos fueron testigos de sus pensamientos, hoy perdidos. Lo que sabemos por las crónicas posteriores es que creía que el mundo había terminado y que él era el único superviviente. Pasó tres años encerrado en aquella isla desvastada, enterrando cadáveres como el profeta Elías (¿?) y sin ver un solo barco en el horizonte. En ese tiempo escribió en el cuaderno unas cuantas reflexiones útiles sobre cómo alimentarse en éstos casos, ahorrando papel por lo que pudiera pasar.

Y en 1886, el día de Año Viejo, un buque hizo una parada en la isla. Los navegantes encontraron un cadáver recién fallecido junto a un libro de la biblioteca del Trinity Collage, un cuaderno de bitácora, y un catalejo. Y a su alrededor, una naturaleza que empezaba a renacer. Si hubieran llegado un par de días antes podrían haber rescatado a Stephen Nì Murchù, que fue incapaz de fabricar una caña de pescar decente y que por ello acabó muriendo de hambre una vez se acabaron los insectos y las plantas.

Así fue como acabó uno de los viajes más prodigiosos de nuestros tiempos. De una manera bastante triste. S.M. y sus empleados murieron junto a 36.000 personas más con las olas generadas por la explosión, Doirean se volvió a casar cuando oyó sobre la erupción del volcán, y el capitán del buque devolvió el ejemplar de los “apócrifos de Homero” a la biblioteca del Trinity College. Y lo que se dice es que entre sus páginas se encuentran dos testimonios de la aventura arriba relatada: una mosca aplastada junto a su cordelito, y un helecho carbonizado por la explosión del Krakatoa.

sábado, marzo 05, 2005

¿Y tú, de qué?

Queridos y pacientes visitantes, tenemos noticias....

No nos lo podemos creer pero por fin, después de dos años de incertidumbre, de nada saber.... SE PUEDE COMENTAR EN ÉSTE BLOG cada post que colguemos a partir de ahora. Para probar estamos poniendo ésta tontería, y dentro de unas horas....la inquietante historia del vuelo con moscas y de cómo un enjambre de éstas fue confundido con los gases de la erupción de Krakatoa.

Cosa que nos recuerda que no sabemos dónde rayos hemos puesto el National Geographic especial volcanes de Hawaii.
En fin, que no somos nada y menos en gayumbos.

Como tenemos prisa, vamos a poner así por encima unas cosas importantes:

1-Que ya ha salido el nuevo "Mondo Brutto" y está como siempre de toma pan y moja. Y su página va a ser relanzada en breve por un grupo de profesionales.

2- Que estamos muy disgustados porque no le han dado el Oscar al cortometrajes español chulo y sí al pan sin sal del instituto Alameda de Osuna.

3- Que estamos hartos de lectores-sonda. Que nosotros nos entedemos.

4- Que algunos de nosotros son un tanto... entusiastas a la hora de hablar de algo que al fin y al cabo es una sociedad secreta. Una maldita sociedad secreta, sí, carape. Que podemos parecer majos así leídos, pero que somos gente chunga e influyente. Cagontó.

Y a vosotros, un mensaje, ¡comentad, comentad, comentad!

PD: Se va a pasar por aquí mucha gente que habrá visto ésta dire en la cara b de nuestras tarjetas de visita. Hola a todos, poseedores de la tarjeta de visita del Yogourth Rancio.

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