miércoles, abril 20, 2005

LA RENAIXENÇA GEOLÓGICA, COMO QUIERAS LLAMARLA. EFEMÉRIDE DE UNA REVISTA IMPOSIBLE.


Hace dos post ( y hace casi dos meses, maldita sea) mencionábamos una pequeña publicación, el Gea's Bazaar, que merece un poco más de atención de la que le hemos prestado.
Cuando os hablamos de una revista sobre "fruslerías geológicas" no estabamos de broma. Y es que el Gea's Bazaar fue probablemente la primera y última revista de geología en tono de humor. No son dos cosas que se suelan dar juntas. Si hablas de geología no estás haciendo chistes y viceversa.

La revista (bimensual y por suscripción) nació en 1868, en plena efervescencia de los movimientos revolucionarios y románticos. Sus autores no eran solamente hombres de ciencias, sino también libertarios comprometidos con la causa que pretendían acercar este árido mundo al populacho.
La idea partió de Rudiger y Vivianne Kempsey, hermanos de Londres que, tras pasar un verano indolvidable en la isla de Aran, empezaron a preocuparse por el analfabetismo de la época y por la brutalización del individuo en plena Era Industrial. Cavilando sobre cómo acercar los nuevos conocimientos a la masa de zotes de las plantas fabriles, decidieron unir ciencia y humor en un solo panfleto, y así nació el Gea's Bazaar.
La linea editorial era clara: artículos divulgativos de escasa credibilidad, tiras cómicas sobre Spinoza, Cristobal Colón y Galileo (inolvidable aquella en la que los tres abren una panadería en medio del océano Indico...) , consejos mcgiver para medir seismos con una patata nacida y un alambre... Sin olvidar, por supuesto, la incendiaria sección de opinión que no respetaba a nada ni a nadie. Desde sus páginas, criticaron el colonialismo sajón, el estado de las carreteras del interior, la suciedad que producía el carbón...

Pero los lectores no fueron los deseados. En las fábricas no tenían tiempo, ni humor, ni cultura, para estar descifrando los abigarrados chistecillos de aquel grupo de enfants terribles de la pedantería científica. Sin embargo en las universidades y los lupanares homosexuales, era un clamor: el Gea's Bazaar era la revolución estética, cultural y divulgativa que el mundo estaba esperando. La tirada aumentaba y también el enfado de las autoridades, que buscaba un buen motivo para vetar aquel pasquín.

Paralelamente, los hermanos Kempsey comenzaron a dar unas meriendas en su casa de Cherry Tree Street que más bien eran merendolas. Un desfile interminable de lo más granado de la cultura londinense y , a veces, mundial de aquel momento. En principio, el objetivo era (como suele pasar en estos casos) arreglar el mundo meneando un poco el bigote con tarta de manzana y té pakistaní, pero pronto, con la llegada del opio a las reuniones, aquello pasó a ser algo bien distinto. Las meriendas se alargaban hasta bien entrada la madrugada y la albarabía era tal, que en más de una ocasión intervino la policía.

Durante la época dorada, convirtieron Londres en una fiesta colorista plagada de ingenio, creatividad, té, y simpatía, pero las amenazas de un enemigo que hoy permanece secreto acabaron con aquel espíritu hedonista.
Una noche, los hermanos Kempsey (que permanecían solteros) oyeron como llamaban a la puerta. El servicio parecía estar profundamente dormido. Cuando abrieron, se encontraron en medio de la niebla a un embozado con una enorme máscara de pájaro de madera, con unos brazos nudosos que inspiraban terror y con una voz grave pero implacable. Les señaló una carta que había en la puerta, clavada con una daga en cuya empuñadura podía distinguirse claramente el simbolo de los masones.
El enmascarado desapareció sumiéndoles en un extraño desasosiego. La carta presentaba amenazas. Advertía de que ciertos secretos no deberían de ser revelados.

Pero los hermanos, en vez de retractarse, pidieron a un amigo grafólogo que escribiera un pequeño artículo... Analizando a la persona cuyo puño había escrito tan cobardes amenazas. Durante un mes, la palabra "masón" en Londres estuvo asociada al concepto "eyaculador precoz impertinente con un fuerte dolor en la segunda vértebra y escaso talento para el baile, la cría de grillos y la pesca con arpón". Transcurrido ese tiempo, el bienhumorado grafólogo falleció en extrañas circunstancias. Y los Kempsey empezaron a tener miedo...

Tras este suceso (1880) los suscriptores bajaron notablemente, a causa quizás de la forma en el que la línea editorial se ablandó. Del viejo espíritu luchador sólo quedó la manifestación más externa, es decir las fiestas, que minaron la salud de los hermanos hasta el punto de que en 1888 cedieron su puesto a su sobrino, Rutiger (con T) ,quien reenfocó la publicación hacia la geología monda y lironda, hasta su cierre en 1901 cuando el editor empleó todo el dinero de sus ya fallecidos tíos en pagar una expedición a las pirámides del Támesis ( una absurda aventura submarina de algún listo que decía que los egipcios seguían viviendo bajo sus aguas y que probablemente dio varias vueltas al mundo con el dinero). Al verse en la calle y lleno de deudas, empezó a ganarse la vida como titiritero ambulante hasta su muerte en 1914, dos días antes de estallar la Guerra Mundial.

En fin, ese el, grosso modo, el extraño itinerario del Gea's Bazaar, que vino a ser, según los expertos en cultura popular, un claro antecedente del punk del 77 pero sin el rollo musical.
Si os interesa aunque solo sea un poco, el libro de memorias de Rutiger Kempsey (disponible de vez en cuando en Amazon, cuando sale de segunda mano) es toda una experiencia. El título completo es "From Rudiger to Rutiger, or how did I screwed it up in a moment", y es muy divertido, aunque quizás un poco victimista.

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