miércoles, julio 20, 2005

Hoy ha sido un día largo y amargo para el Yogourth Rancio, qué duda cabe.

(El duelo)

Pero sin embargo hemos comprobado que la tristeza se puede almacenar en algo tan sencillo como un maletín de Loewe de 50x50 cm.

Ha sido esta tarde, cuando hemos entrado en una tienda de antiguedades a preguntar por un extraño portajarrones de cuentas de cristal que al final costaba demasiado. Entre lámparas de araña, juegos de té chinos, objetos lacados con ilustraciones de damiselas rococós y niños mofletudos columpiándose entre prímulas y escóbulas , nos hemos fijado en una cajita negra de piel con un medallón enorme dentro, que rezaba "Premio de cine". Todo el adorno era el bajorelieve de algunas conocidas escenas de caza de arte paleolítico levantino, enmarcado en una secuencia de celuloide.
En el canto delantero de la caja había un nombre que nos era familiar, escrito en una de esas tiras que dejan las letras en relieve. Hemos hecho memoria y nos hemos acordado de quién es ese hombre. En un principio nos chocó tanto que creímos que era familia del propietario de la tienda y que lo tenía ahí como recuerdo.

Pero nada de eso.

El propietario nos explicó que lo compró hace muchos años en el Rastro, proveniente de alguna casa que habían vaciado, y que le había costado tan solo 150€, al cambio. Esa cantidad no venía del objeto en sí, sino de la caja que lo contenía, cuero de buena calidad trabajado por la conocida casa Loewe (esos que hacen esos horribles bolsos).
Inmediatamente, nos ha venido a la mente la canción "El duelo" de Vainica Doble. Sobre todo cuando hemos podido ver la inscripción del medallón, hecha a mano con pulcritud y precisión, con algunos restos de cincel que decían "por 25 años de dedicación al cine".
Veinticinco años que dieron más de cuarenta títulos que todos vosotros recordaréis. Más de cuarenta películas que fueron fenómenos en su época, que movieron dinero a espuertas y que hoy siguen siendo emitidas por televisiones y editadas en DVD, y de las cuales hay dos que son absolutas obras maestras. Veinticinco años de historia del cine que no han servido para que un familiar se molestara en guardar aquel medallón conmemorativo.
Veinticinco años que no han servido para que nadie, de su extensa descendencia, se molestase en guardar aquella cajita como un tesoro, una muestra del trabajo que aquel hombre tuvo que hacer para sacar adelante todo aquello.

No es que digamos que aquel fuera un hombre maravilloso. Nostros no confiamos mucho en los de su profesión, y además las historias que pesan sobre su familia son cuando menos oscuras ( y si vemos la filmografía de sus descendientes, todo se hace mucho, mucho más tétrico), pero nos aterra ver cómo el esfuerzo y la ilusión de cada hombre acaban, por su muerte, desperdigadas sin ningún sentido por el mundo, a la espera de alguien que las pueda recoger por el tiempo limitado que tiene toda vida.

viernes, julio 01, 2005

A veces nos mandáis mails o dejáis comments preguntando que cómo te apuntas al yogourth, que cuánto es la cuota, etc.
Y eso que hemos dejado bien clarito que no admitimos más miembros.

Aun así, debemos señalar que uno de los requisitos fundamentales es la opinión que se tenga del sujeto fotografiado abajo. De momento el único acertante ha sido Ernie Hoyle... De pleno.




De acuerdo, no es su mejor fotografía. Normalmente no es tan tétrico...