lunes, agosto 01, 2005

No solemos serlo, pero hoy lo vamos a ser.

Anoche fue una velada feliz para el Yogourth. Por muchos motivos, por la diversión y por esa efusividad que a veces nos falta. Ya sabéis, somos la muchachada triste que se pasa las tardes entre recortes de periódico y libros de ocultismo.

Y hoy hemos estado juntos todo el día, retocando esa actualización sobre el vidente de Dalecarlia que podréis ver mañana, y haciendo la "tarde casette". Apocalipsis Fabada ha llevado a casa de los Sabadú una cinta que teníamos olvidada pero que hace nueve años era la sintonía prefernte del Yogourth Rancio. La hemos puesto, y suena ahora, y bueno, es simple, ñoña, y obvia. Pero es como volver a nuestros mejores momentos y muy en especial, a la excursión a Glendalogh donde estuvimos todo el día con uno de los miembros honorarios de nuestra sociedad, cantando todas las tonadillas de dicha casette.

Hoy, Jimina nos ha estado contando que precisamente está escribiendo un cuento sobre ese chico. Para que alguien más sepa, aparte de nosotros, que existe alguien así en el mundo. Nos ha contado el argumento y el final. No creáis que le ha echado mucha imaginación; casi todo pasó de verdad, y hemos pasado una tarde muy agradable hablando del chaval y viendo las fotos de aquella excursión.

Nos gustaría saber dónde está y contarle que, en ocasiones, se han convertido en nuestra inspiración, él y su actitud. También nos gustaría volver a estar en la parte de atrás de un autobus con él y Julia, pero ya no va a ser posible.

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