domingo, septiembre 24, 2006

El silencio de la noche contra la algarabía del vacío

Estos días están siendo muy cinematográficos para nosotros. Ya lo sabréis los que visitáis estos. Se ha estrenado por fin "La máquina de bailar", y además un amigo y un colega estrenan sus películas en San Sebastián. Buenas noticias en nuestro ir y venir.
Si bien la primera parte, la de la película, nos ha traído una enorme cantidad de alegrías y ha cambiado radicalmente nuestras vidas, ha venido acompañada de algo que más que una decepción, ha sido una confirmación. De algo completamente ajeno a la propia película, con la que estamos más que satisfechos. Respecto a lo segundo, no vamos a decir nada hasta que no veamos los filmes, "Vete de mí" y "The Backwoods".

Y una noticia triste se ha colado, de repente, en todo el jaleo. Algo como lo que marcaba la vida del vidente de Dalecarlia. Algo íntimamente relacionado con su historia, de hecho. Se trata de la muerte de Sven Nykvist el pasado miércoles 20. Puede que no os hubiérais enterado. Es normal. Apenas se ha mencionado en los medios. Todos estaban volcados en cosas transitorias. El festival de San Sebastian. La propia Máquina de Bailar. Las declaraciones de algún infeliz sobre su familia o su ex pareja. Poco importa que el mejor director de fotografía del mundo haya fallecido.

Para nosotros ha muerto algo más que un completo desconocido. Ha muerto el hombre que nos dió unos ojos a través de los que ver el mundo. Ha desaparecido para siempre. Y apenas un periódico le ha dedicado una columnita (firmada por Agirresarobe, nuestro cinematographer de moda).

Cuando eramos pequeños, uno de los libros de cuentos que tenía Trampitas incluía uno que nunca más hemos vuelto a ver. Se llamaba "El diente de león". Y pese a ser, nosotros, gente de gusto barroco, apreciamos a las personas que son como dientes de león. Conocemos a muchos que hablan sin para de sí mismos, que se venden en cada frase, que se hinchan y se pavonean, que hacen estallar fuegos artificiales hasta el cielo si es necesario con tal de que les veas. Pero que cuando acaban la exhibición ves que no son nada. Sólo un tallo muerto. Como las noticias de un día. Como todas las películas que hoy comentas y olvidarás mañana. Como toda esa gente "de puta madre" que, al cruzarte por la calle dentro de tres años no podrás saludar porque no recuerdas el nombre. Como todas las cosas pasajeras, vanales y perversamente dañinas que llenan la agotada superficie del mundo.


Sven Nykvist ha fallecido en un mundo lleno de flores de un día, pero él era un diente de león. Una flor que perdura y que es, además de bella, útil. Nuestros ojos están llenos de las imagenes que compuso para Bergman, y lo estarán siempre. Porque si no fuera porque existen excepciones como él en el jardín de aberración perfumada del mundo, ni vosotros estaríais leyendo esto, ni nosotros, desde luego, estaríamos escribiéndolo.